top of page

Rehabilitación penal. Recursos para la obligación legal de rehabilitar a las personas privadas de la libertad*

Por Marcelo Prado González**



Cuando a los presos de nuestras cárceles les preguntan qué fue lo más importante que aprendieron estudiando intramuros la respuesta es siempre la misma: “palabras”, “aprendimos palabras”, “ahora sabemos palabras.” La respuesta genera extrañeza y sin duda puede activar una enorme cantidad de análisis desde las teorías de la comunicación, pero por si sola la palabra encierra algo mucho más profundo y sacramental para el ser humano, porque mientras que para muchos en la cárcel – al igual que las villas, los hospitales, o los manicomios- reside lo siniestro o lo salvaje, también habita la naturaleza humana y se hace visible en toda su desnudez.


Es que a la cárcel se llega desnudo, conservando solamente cicatrices y tatuajes, sin poder apoyarnos en las posesiones de las que tanto nos enorgullecemos en libertad, como relaciones, títulos, bienes y estatus. La única posibilidad de acumular otro bien que no sea robado o destruido en una redada o un motín es, precisamente la palabra. Así ese cuerpo se distingue entre otros también lacerados y tatuados, precisamente porque la palabra tampoco puede ser separada del ser humano que la pronuncia.


Tal vez sea por esto por lo que la palabra, sumada al aprendizaje, fulmina el sesgo de feralidad atribuido a esos cuerpos maniatados, porque hace que el índice de reincidencia baje a un solo dígito, en el caso de presos que estudian. Así la rehabilitación exigida por las leyes al Estado ya no será un proceso de maceración del alma humana por el castigo, sino el desarrollo de un proceso de aprendizaje social que permita una mutación de la identidad social, mediante la adquisición de capacidades técnicas y socioemocionales.

Por eso el libro no analiza el encierro punitivo desde la sociología jurídica o el derecho penal, sino desde las teorías del comportamiento humano. Tampoco mira al tumulto de paredones, rejas y celdas, sino a una pirámide de subjetividades en permanente estado de interacción social, y propone dispositivos de rehabilitación penal basados, precisamente, en este arcano que nos define como especie.


Pero la cárcel también es rechazada porque representa algo así como un cementerio de barcos, porque allí naufragan y encallan enorme cantidad de teorías científicas e ideologías construidas sobre la base del Contrato Social que moldea nuestra realidad.


¿Hay acaso un espacio más decolonial que un pabellón “tumbero” o “salvaje” donde los penitenciarios no se atreven? Pero aun así en esos espacios hay vida, hay amistad, hay empatía, colaboración, liderazgos y si, violencia, pero tampoco tanta como nos muestran las series de televisión, (la tasa de homicidios en riña viene decreciendo desde hace varios años) ni tampoco tan dañina como la que se da del otro lado de los paredones, sobre todo en esta etapa de la humanidad “post epsteiniana.” (el 56% de los presos de nuestras cárceles tiene conducta ejemplar y el 94% no recibió ninguna lesión).


En definitiva, no sería tan acertada la dicotomía “civilización o barbarie” (Sarmiento) o que sin el Estado sólo nos queda esperar el caos o una vida “solitaria, pobre, desagradable, brutal y corta” (Locke, El Leviatán) porque la cárcel demuestra que mientras existan palabras, por más rudimentarias que estas sean, la organización social estará garantizada.


¿Desconocemos de esta manera la gravedad del delito o el dolor de las víctimas? no, en lo absoluto, pero toda vez que la conducta humana es impredecible, desde las ciencias sociales, luego del daño a inocentes, sólo nos queda evitar su repetición y, a juzgar por los altos índices de reincidencia, lograr que las 342 “Casas Grandes” (cárceles) de nuestro país no sigan actuando como una suerte de “community college” de la delincuencia.


Rehabilitación penal
Rehabilitación penal

*Libro editado por Muchapalabreria en marzo de 2026.

**Marcelo Prado González es argentino, investigador posdoctoral en ciencias sociales por la Universidad Nacional de Tres de Febrero y funcionario de la Universidad Nacional de General San Martín en el área de cultura, comunidad y territorio. Acredita un doctorado en educación en el Programa Interuniversitario del Doctorado en Educación (UNSAM-UNTREF-UNLa) y desde hace más de treinta años desarrolla trabajo social en cárceles y contextos de emergencia social. Forma parte de la Red de Planificación para el Desarrollo del Instituto Latinoamericano y del Caribe (ILPES) de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) de Naciones Unidas. 

Ha publicado varios trabajos editoriales sobre pobreza, encierro punitivo y discapacidad presentando propuestas académicas novedosas para el mejoramiento de las condiciones de vida y encierro de las personas. Su carrera académica incluye estudios de grado en la Universidad de Buenos Aires, posgrado en la Universidad de Salamanca y cursos de formación en otros espacios como la Universidad Autónoma de Barcelona. Es uno de los fundadores del CUSAM, unidad académica intramuros donde personal penitenciario y personas privadas de la libertad estudian juntos carreras universitarias de la UNSAM.


Comentarios


Suscribite acá:

Hola, gracias por suscribirte al blog de Muchapalabreria.
Podés buscar en la Tiendita el eBook "La Florería" y nos lo pedís GRATIS.
Un abrazo.

  • Instagram
  • Facebook
  • LinkedIn
  • YouTube
  • Diseño sin título (1)_edited_edited_edited_edited
bottom of page