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#06
Cómo escribir tu primer cuento: el anti-procedimiento definitivo (parte 1)

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Siempre escribí poesía, de chiquita seguro y en la adolescencia ni hablar. También, y ya verán que no es un dato menor, leía poesía. Sobre todo las rimas de Gustavo Adolfo Bécquer. No es casualidad que fuera uno de los únicos libros que había en la casa de mi abuela y que, además, me pareciera hermoso. Por sus tapas, por sus hojas, por las ilustraciones. Por suerte todavía lo tengo conmigo y cada tanto lo abro para confirmar que sí, que sigue siendo mi primer amor.

La cosa es que siempre escribí poesía, y entonces, cuando me anoté en un taller de escritura donde lo que se escribían eran cuentos, me asusté. ¿Cómo se escribe un cuento? ¿Y qué tan difícil puede ser después de todo?, bueno, la respuesta no les sorprenderá.

 

Conocí autoras y autores increíbles, históricos y contemporáneos, con una técnica y estilos tan propios que son inconfundibles. Con todos ellos pasa lo mismo, sus cuentos, en un par de páginas, llevan y traen al lector por decenas de emociones. En palabras de Samanta Schweblin (Pájaros en la boca, El buen mal): “El sprint es como el cuento, la emoción está en la velocidad, (...) su intensidad, por lo rápido que puede llegarse a un estado de extrema exaltación en solo minutos.”

En esta entrada, que la pienso como una guía sin fórmulas mágicas, pero con pistas reales para empezar a escribir ficción, me animo a compartirte este anti-procedimiento de diez pasos. ¿Por qué anti-procedimiento? Bueno, porque aunque los pasos estén numerados, no es que exista un único orden de prioridad, cada escritor/a/e encuentra el suyo en la medida que hace: se escribe escribiendo.

¡Arranquemos entonces!

rimas y leyendas de gustavo adolfo becquer.jpg

 1) Empezá chiquito: leer para poder escribir

Desde Stephen King (Carry, Cujo, It) hasta Hebe Uhart (Impresiones de una directora de escuela, El budín esponjoso) todos y todas repiten lo mismo, si querés escribir cuentos, leé cuentos. Muchos. De autores variados, de todos los tiempos y de muchos países, de diferentes estilos también, no te quedes con un solo género. Leé como lee alguien que quiere escribir: diseccionando. Te pregunto: ¿Cuáles son los últimos diez cuentos que leíste?

Dice Borges: "Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído". Borges, el escritor que dio vida al género fantástico del Río de La Plata, que escribió cuentos al que todavía se le siguen encontrando “perlitas”, Borges, nos dice que el secreto está en la lectura atenta. 

 

Una propuesta: pensá en un cuento que te haya gustado mucho. Escribí una carta a una amiga o amigo, o a una persona imaginaria, y contale de qué se trata. Qué personaje captó tu atención, qué escena, qué recurso. Este ejercicio te va a permitir reflexionar sobre la escritura misma… ¡Mientras estás escribiendo!

2) Nadie sabe qué corno es un cuento, vos sale nomás

No, nadie sabe. La historia del cuento como tal, se remonta a algo así como doscientos años: nada. Y desde su nacimiento fue mutando no solo en su forma sino también en su nombre. ¿Sabías que no hay una traducción para la palabra “cuento” al inglés? Pues no, resulta que “cuento” se traduce como “short story”, ¡con todas las acepciones que eso podría indicar! Edgar Allan Poe, a quien se le atribuye la popularización del género, decía que un cuento era aquel que podía leerse en una sola sesión o en un máximo de dos horas. Claro, en los tiempos de Poe no existía Tik Tok y él pensaba en una obra de aproximadamente cuarenta páginas. Lo que para él era una “short story” para nosotros hoy sería un cuento largo o una “nouvelle”. Hoy hay cuentos que no llegan a las ochocientas palabras, una carilla A4, ¡y son maravillosos!

¿Inicio, nudo y desenlace? Puede ser. El cuento “clásico” generalmente funciona así y, además, suele tener también una “historia B”: mientras leés la historia principal, otra historia se está cocinando por lo bajo y, en general, la descubrimos en el desenlace, cuando todas las piezas se unen, un ejemplo de muchos podría ser “Cita en Samarra” de Julio Cortázar. Ahora bien, en los cuentos “de autor” o “modernos” muchas veces parece que no pasa nada, a excepción de la exquisitez con la que se escribe y que hipnotiza, y no nos deja otra opción que seguir leyendo.

Entonces, no, no hay una sola manera de escribir un cuento. Hay casi tantas “teorías” como generaciones de cuentistas han existido y, lo mejor, no se reemplazan, se suman y transforman. ¡Vía libre para escribir como queramos! (O como podamos).

3) Musa, ¿quién te creíste?

 

Hay un mito muy conocido —culpemos a los griegos—, que dice que son las musas las que nos visitan para inspirarnos en nuestro arte. Puede ser cierto, quién sabe, pero también es cierto que pueden pasar semanas sin que pasen ni por la esquina. ¿La solución?, ya lo dijo Lali Espósito: disciplina. Sentarse todos los días a escribir un ratito, aunque no tengas ganas, aunque creas que no tenés ninguna idea.

Stephen King en su libro Mientras escribo dijo: “parece que las buenas ideas narrativas surgen de la nada, planeando hasta aterrizar en la cabeza del escritor”; y en la vereda de enfrente está Picasso que dice: "Cuando llegue la inspiración, que me encuentre trabajando".

En la actualidad la mayoría de escritoras y escritores concuerdan en que es un poco y un poco. Todos los días un ratito, trabajar el hábito, escribir lo que sea: una reflexión, una entrada de diario, un versito. Uno de estos días, sin que te des cuenta y como resultado de tu práctica constante, hay un cuento al caer.

lali esposito disciplina.jpg

4) Dígale NO al estereotipo en el lenguaje: ni “tienes”, ni “tú”, ni adjetivo antepuesto

 

Un lenguaje estereotipado es ese que el/la autor/a cree que “suena como…”. Manuel Puig (El beso de la mujer araña, Boquitas pintadas), en más de una entrevista cuenta que el éxito de sus novelas radica en haberse animado a escribir en su propia lengua. A usar “formas de decir” que él conocía bien: su obra se destaca por las voces de sus personajes, voces que se inspiraron principalmente en su mamá y en sus tías, y en todo lo que había escuchado durante la infancia. Antes de la novela que lo lanzó a la fama, todos sus escritos copiaban jerga que no dominaba e incluso idiomas extranjeros, que él utilizaba porque creía que “quedaban bien” o que “él quedaba bien” (el ego del escritor es un tema que algún día también tendremos que charlar).

Entonces, ¿qué te hace escribir “bella mañana” en lugar de “una mañana hermosa”? ¿Por qué tu personaje habla de “tú”? ¿Realmente habla así o creés que esa es la manera en la que “deberías escribir”? 

El consenso general es que escribas con una lengua que conozcas, si tu lengua materna es el español rioplatense, no lo hagas en el español con el que se traduce obras extranjera, porque tarde o temprano va a sonar acartonado, raro, no va a ser creíble. Y si el lector no cree en lo que lee, lo descarta. Más simple: no le des tantas vueltas, escribí como te salga, no fuerces las palabras; algo que no va a faltar es la instancia de reescritura, así que no te apures.

Recomendaciones literarias para volver a enamorarse de nuestra lengua: Leila Guerriero (Teoría de la gravedad, Zona de obras), Mariana Enriquez (Las cosas que perdimos en el fuego, Nuestra parte de noche), Felix Bruzzone (76, Las chanchas), Sara Gallardo (Los galgos, los galgos).

manuelpuig.jpg

5) Todo es un tema

 

Esto ya lo conté en una entrada anterior, hubo una época en la que no se podía escribir cualquier cosa, que había temas y tipos de personajes que se debían respetar. Tampoco cualquiera podía escribir. ¿Sos mujer? Afuera. ¿Sos plebe? Afuera. ¿Querés escribir sobre los perritos que adoptaste para la estancia que heredaste? Por supuesto que no: héroes o nada. Sí, otra vez los griegos, que los queremos un montón, pero que también eran un poquito autoritarios.

Escribí sobre lo que quieras. Preferentemente de cosas que conozcas bien, que te conmuevan. Cualquier excusa es buena para dar comienzo a la narración y quizás, después de unos cuantos párrafos, recién ahí te encuentres con la verdadera historia que querías contar. Parafraseando a Martín Kohan (Dos veces Junio, Ciencias morales) donde empieza la narración no necesariamente empezó la literatura. Escribir es empezar a caminar sin saber del todo a dónde. Con suerte, la historia te encuentra en el camino.

entrevista de juan sasturain a martin kohan.jpg

La próxima la seguimos

Esto es todo por hoy, porque en épocas como la nuestra, el tiempo siempre apremia. Pero me despido no sin antes contarte que en esta web hay un cuadernillo descargable que se llama La florería, 10 excusas para escribir. Si andás remoloneando y necesitás que alguien te dé un empujoncito, bueno, acá está. Estas diez consignas son invitaciones a “terminar” una historia, a “darle forma” a otra, a pensar qué escribirías si te escribieras a vos misma/o, entre otras para descubrir. Hay de todo. 

Ahora sí, nos quedan cinco pasos más. ¡Nos vemos en quince días!

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