top of page

#13
Donde se pueda, trincheras

  • Instagram
  • Twitter
  • YouTube

Entre libros y guisito obrero

Feria del libro 2026. Fui. Dos veces. Y puede que haya una tercera (hasta el 11 de mayo, todo puede pasar). Hablaba con un amigo hace unos días, le decía, no se bien para qué voy, pero voy. Hoy me crucé con un poema y, de ese poema, que sí me conmovió, me quedé sobre todo con una estrofa: “Hoy / no están los humores para los festejos / pero peor aún es no hacerlos.” (Natasha Zaiat). Recuerdo otra frase, el título de un libro más bien y apelo a la memoria, así que puedo estar errándole: algo sobre que es, o vivimos, una época de pasiones tristes. Hace un año escuché a Liliana Heker en un conversatorio en el Festival del Libro de la biblio de Berazategui, dijo que son tiempos de resistencia, de abrazarse a las amigas y amigos, de hacer trinchera; aseguró que todo iba a estar bien. Tengo una madre que siempre dice algo parecido: esto también pasará. Pienso que es cierto, todo pasa, ya pasamos incluso, dependiendo desde qué lugar del tiempo estemos mirando.

feria del libro 2026.png

Ayer 1° de mayo, día del trabajador, visité Bar Nacional, ¡qué fiesta! La carteleada barrial que se dió por los pagos tolosanos (La Plata) prometió guiso, vinilos y tango. Cumplió con creces. Sillas y mesas ocupaban bar, vereda y un generoso pedazo de calle. Fuí tempranito y pude elegir ubicación; pero aprendí que si un día llego tarde, puedo llevar silleta propia y que me van a hacer lugar: hay para todos, nadie sobra. El solcito a veintidós grados en la cara invitaba a la conversación, pero cada tanto, también aproveché para hojear un libro nuevo, regalo que recibí de parte del profesor de literatura con el que convivo, la segunda vez que fui a la FIL este año: La separación, de Martín Kohan. A la fecha, su última novela publicada, esta vez por la editorial Anagrama. Todavía no la terminé, así que no puedo adelantar mucho. En su “Primera parte” (sí, muy Martín Fierro), se lee a un narrador en primera persona que piensa y requete piensa, que pone atención en los detalles de un viaje que hace en colectivo de larga distancia, que se separa por unos días de su pareja y que va al encuentro de su hermano en La Paz - Córdoba. Los capítulos de esta “Primera parte” son el nombre de cada pueblo donde para el colectivo; llegué a Pergamino. Cometí el error de arrancar la lectura sin lápiz en mano, hay mucho que hubiera querido subrayar. Ahora me enfrento al desafío de desandar las páginas leídas y marcar desde el principio, buscar eso que me había interpelado, subrayarlo; o de seguir adelante, como sea, como se pueda, un adelante que podría ser de lápiz en mano o no, es decir, seguir como empecé o seguir y agregar una herramienta, y entonces, en el intento de que me quede en la memoria tal o cual fragmento, según dijo Beckett: “fracasar de nuevo, fracasar mejor”. Me gusta Kohan. Tiene el don de la condensación que expande.

novela - libro - la separación martín kohan escritor argentino.jpeg

 

Trincheras, entonces. Hacerle frente a la desazón, con sazón, juego yo a qué diría Bad Bunny, puede ser, en la búsqueda de una rima simple que se quede sonando en la memoria por días. El Super Bowl tuvo defensores y detractores. Soy de las que se emocionó, pero, aunque quiera pensar que no, o que trabaje para que no me pase, soy un público bastante sencillito en lo que a la emotividad respecta. En otras palabras, podría mencionar más de diez películas en las que puedo llorar hasta agotar el paquetito de carilinas. “Soy extremadamente sentimental”, dijo un tal Borges por ahí. Me pareció, más que nada, que la historia que se contó en los pocos minutos que dura el entretiempo del Super Tazón, estuvo bien contada. Pero también entendí y reflexioné sobre la polémica del después: ¿fue realmente una molestia para el poder, o justamente por tener un espacio ahí, donde está todo el poder, fue más bien hacer “hasta lo que se permite hacer”? Dejar que gritemos un poco, si total ya nos vamos a calmar. Me acordé de esto porque hoy ví otra película, si se quiere, también legitimada. Como para empezar, tiene el reconocimiento de Cannes, pero también, y no es poca cosa, el timeline de más de una red social se llenó de gente diciendo que “hay que verla” o que comparte, sobre todo, un frame donde se ve al protagonista decir “soy un poeta” y a su interlocutora responder “usted no es un poeta, es un desempleado”.

También música y cine

película un poeta 2025.jpg

Bueno, la ví. También lloré, pero siempre lloro ante los conflictos entre padres/madres e hijas/os, así que no cuenta. La película se llama Un poeta (2025), es colombiana y el director es Simón Mesa Soto. Hay que decirlo: el afiche rojo con el poeta mal vestido, sudoroso y desgarbado en plano entero, es buenísimo. La peli, bueno, yo no sé nada de cine y rara vez puedo decir al primer intento por qué me gusta o no me gusta algo. Puedo arriesgar que hay una idea potente: desenmascarar a los falsos poetas. No es la primera vez que se hace (si es que quedan primeras veces para algo en el arte), de por sí, la misma poesía lo hace, o incluso, hace poco hablábamos en esta misma columna de Poeta chileno de Alejandro Zambra, donde también sucede. En la película en cuestión hay una intención de hacerlo, también, desde la risa incómoda, desde el chiste políticamente incorrecto. El tipo fracasa todo el tiempo, como poeta, como padre, como hijo, como humano. La gente que lo rodea no es mejor. El poeta dice muchas veces a lo largo de la película que se va a matar. En este sentido, yo cambiaría el diálogo ese que anda dando vueltas: “usted no es un poeta, usted tiene que atender su salud mental”. Sobre esto del suicidio no se ahonda, es un chiste y nada más, otro lugar común para caracterizar al narcisista que se cree artista o, más bien, tal vez, al ya conocido poeta trágico. La macana es que después el hombre resulta que no es ni egoísta, ni narcisista, ni mal padre, ni… A mí, por lo menos, el camino del héroe, me quedó cortísimo. También hay chistes sobre gordos, sobre indios, sobre mujeres con pelos en las axilas y que cantan o performan como única forma de comunicación. La risa, que sí la tuve, me fue igualmente un poco forzada; y también me recordó a un diálogo viral entre dos personajes interpretados por Guillermo Francella y Luis Brandoni; Francella dice que los chistes racistas son “para descomprimir” y Brandoni responde con una sarta de chistes racistas, no para, repite, insiste; en la repitencia, dicen, está el humor, pero Francella no se ríe, se pone serio, se incomoda y, al final, le pide que pare.

Luis Brandoni haciendo de sacerdote católico.jfif

Y por qué no, la vida misma

Una linda. Latina, colombiana, para no desentonar. Íbamos en el auto con hijas y escuchábamos el último disco de Shakira. Se terminó y empezó a sonar Ciega sordomuda. Pensé que iba a tener que sacarla porque ya me pasó una vez: suena diferente, vieja, no tiene el chiquipum de las canciones de ahora. Lejos de mi pesimismo, empezaron a cantarla, quién sabe cuándo y cómo, pero se aprendieron la letra. No pienso googlear cuántos años tiene esa canción, pero sé que yo era muy adolescente cuando la cantábamos a viva voz con mi prima, ella además, con el talento de la guitarra. Hoy, mil años después, la canto con mis retoñas y el mundo, por un rato largo, se vuelve amable, divertido, amarillo, todo trinchera. 

bar nacional bar en Tolosa.jpg

Suscribite acá:

Hola, gracias por suscribirte al blog de Muchapalabreria.
Podés buscar en la Tiendita el eBook "La Florería" y nos lo pedís GRATIS.
Un abrazo.

  • Instagram
  • Facebook
  • LinkedIn
  • YouTube
  • Diseño sin título (1)_edited_edited_edited_edited
bottom of page