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Diario de México

Por Ayelén Rodríguez*


Primera entrega


Estoy en una isla pero los límites son difusos. Voy 3 días. Vi 3 Chihuahuas. Vi muchos colores y calaveras. Escuché muchos "weys".

Antes de bucear me daba miedo no poder.

Hay un cartel en la puerta de mi casa que dice: "Hacer aún con miedo" que yo misma colgué para leer cada vez que salgo.

Ok, no era imposible. Pero había que hacerlo y lo hice.

Quizá lo más lindo de bucear fue haber atravesado ese temor, la entrega a la aventura, el mirar a mi hermano abajo del agua para sentirme en familia. A veces cuando nos estamos hundiendo, aparecen los importantes.

Este viaje es una travesía emocional. Amapola tiene 7 años. Hemos viajado juntas, en avión, solas, pero nunca tan lejos. Esta vez, la nena viajó 18 horas haciendo 9 transbordos.

Ok, no era imposible. Pero había que hacerlo y lo hicimos.

Durmió todo lo que pudo en los aviones permitiéndome leer un libro entero y si quería, más. Poder compartir esto con ella, verla así de feliz, es más zarpado que los arrecifes de coral naranjas o los peces flúor del fondo del mar. Y eso que son increíbles.

Podría hablar horas del agua, así tan transparente como se ve en las fotos. De la sandía mexicana que tiene picante, porque todo lo tiene, porque son cejudos ellos, bigotudos, las mujeres también, y les gusta comer y tomar. Pero eso lo buscan en internet, lo miran en pelis, lo ven si vienen, si vinieron o vendrán.

Prefiero escribir que es una experiencia alucinante tener hijis, tener sobris, tener un hermano menor que tiene un nene y que nuestros hijis se quieran. Después de más de 10 años teniendo un hermano (el único) viviendo afuera, desde tan jóvenes ambos, estoy en condiciones de decir que a mí no me tocó un hermano para el abrazo después de parir, ni un sobrino para ir a buscar al cole, ni un hermano para acompañar en un duelo, ni un sobrino para festejar cada uno de sus cumples, ni... Pero, hace bien saber que si estoy en el fondo (en cualquiera de ellos), respirando con asistencia y sin poder hablar, mi hermano podría preguntarme si todo está todo OK y eso ya me da una tranquilidad enorme.


Mexico

Segunda entrega


Decálogo de preguntas interrogativas directas sin respuesta porque la escritura puede ser sin motivo pero no sin (im)pulso.


¿Por qué tantos colores?

¿Por qué tantos dibujos?

¿Por qué tantas flores?

¿Por qué tantas Santas Ritas particularmente?

¿Por qué tantas vírgenes de Guadalupe?

¿Por qué tantos totopos?

¿Por qué que tantos colores en la calle, en la playa, en las casas, en el cementerio?

¿Por qué se escucha Chichi Peralta y Vilma Palma?

¿Por qué es una isla tan grande?

¿Por qué es una isla tan chica?

¿Por qué hay moto taxis?

¿Por qué nosotras de la mano llenamos nuestros pies de conchilla?

¿Por qué las papas en zigzag y con chedar?

¿Por qué el agua mineral es el agua gasificada?

¿Por qué el Oxxo abierto 24hrs?

¿Por qué tengo un hermano?

¿Por qué el helado tan feo?

¿Por qué dos horas menos?

¿Por qué el pez globo tiene los ojos para afuera?

¿Por qué el circo?

¿Por qué el erizo de mar expande el mal cuando lo clava?

¿Por qué la Playa Cielo con todas las estrellas?

¿Por qué Quintana Roo?

¿Por qué Cozumel?

¿Y por qué no?

¿Y por qué no todo esto para nosotros, ahora?

¿Y por qué no en un recuerdo infinito?


Tercera entrega


De un libro que leí me quedó una idea sostenida como gotera de patio y es la siguiente: a veces el corazón late tan fuerte que desde afuera del cuerpo se puede escuchar.

Estoy en una intensidad similar a los banderines mexicanos. Flotando en el aire a todo color. El salero y pimentero que me traje de la Ribera Maya así lo delatan en mi cocina de alacenas verde opaco.

Yas me pregunta por la continuidad. No sé si lo pensé o lo dije, pero antes de partir sentencié que nadie nunca estuvo tan contenta de volver del Caribe. Hay una continuidad pero también hay una confirmación que renueva.

Una renovación o un recomenzar conmigo parecido a lo que me pasó hace 10 años atrás.

Contenta y aferrada a la vida como siempre, llena de proyectos y de red, con una energía que acarreo como si fuera parte de un oceano, mis olas se mueven como ondas de creación expansiva/expansiva creación. Dejo lo que no, tomo lo que sí, sin miedo y sin vergüenza, o con un poco de ambas pero en la apuesta al deseo.

El que no quiere morir que no nazca.

Es el viaje adentro del viaje.

La conciencia social también es saberse con la posibilidad limitada de hasta dónde se puede y desde dónde se resiste.

No quiero (ha)ser lo que hacen todas, ni (ha)ser lo que me conviene. El calendario maya, el equinoccio de primavera el día que vine a México, los ciclos lunares y la serpiente como la conexión del cielo con la tierra que me hacen escribir porque es la única forma que encontré para todo, mientras mi hija duerme apoyando su cabeza en mi regazo, en este colectivo que atraviesa la selva de la península de Yucatán, todo eso, todo esto, en mi cabeza mientras nos pienso en el proyecto que somos, sin punto final como dijo Dai, mientras el corazón late tan fuerte que el que no lo escucha es porque aún no pudo.

*Registros de mi diario del viaje a México, del 21 de Marzo al 2 de Abril del 2026.

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