• Muchapalabreria

Bambi

Por Ayelen Rodriguez



Cuando era chiquitita, después de haber visto la película "Bambi", tuve una conversación profunda con mi abuela.

Fue un diálogo necesario, porque la historia es cruda, y un niño suele angustiarse cuando la ve. El drama le sucede a un pequeño e indefenso ciervo que queda huérfano por haber perdido a su madre tras haber sido cazada. Los humanos aparecen en el transcurso de la película como los peores enemigos de los animales, por ser crueles y culpables de dejar al ciervito solo, sin su mamá, a la que un cazador le da un tiro explícita y atinadamente.

Esta tarde, revolviendo el cajón en busca del vidrio líquido para terminar una bandeja, encontré una foto de mi abuela de cuando viajó a África y me acordé de ella. Me acordé de ella, de nuestras charlas, y sobre todo de nuestro diálogo después de haber visto juntas "Bambi" por primera vez.


- Abuela, ¿hay muchos bambis en África?

- Si. Seguramente. Yo vi algunos.

- ¿Y hay mamás de bambis también?

- Si claro, ahí no hay cazadores.


Se hizo un silencio, ella esperaba más preguntas. Yo me las guardaba para generarle intriga.


- ¿Por qué los humanos somos tan malos? -cuestioné insolente como siempre.

- No sé -me dijo, como cuando sabía que cualquier respuesta no me iba a gustar.

- Y ¿cómo podríamos hacer para ser buenos?

- Tampoco sé -repitió con la misma idea.

- Y ¿por qué la gente caza animales? -pregunté más directamente para tener una respuesta posible y verdadera.

- A veces para comer. A veces para jugar -respondió mi abuela sin tapujos, porque ella era directa y sarcástica.

- Y ¿había otros animales con sus mamás en el safari?

- Sí, sí, un montonazo - sabía que exageraba para hacerme sentir bien, lo hacía a menudo.

- Y ¿así va a ser siempre? ¿Algunos van a seguir cazando para jugar?

- No creo. A veces las cosas se dan vuelta - arriesgó.

- Y ¿qué pasaría si yo no tuviera mamá porque alguien la cazó para jugar? ¿me cuidarías vos?

- Sí -me respondió firme y fuerte para dejarme tranquila.


La orfandad de Bambi era la orfandad que yo de chiquitita sentía por un padre que nunca estuvo. Eso lo pude concluir de grande. Mi mamá trabajaba casi como 20 horas por día. Así, mi desamparo era casi como total.

Mi abuela era cruda, testaruda, conversaba con Dios y María Santísima y supo ser muy cariñosa conmigo siempre que estaba a su cuidado. Pero a pesar de su amor inmenso, yo siempre sentí el abandono muy de cerca.


- Abue, ¿por qué decís que a veces las cosas se dan vuelta? - Volví sobre la frase porque ella lo hacía a propósito así, tiraba la idea y no se explayaba hasta que le repreguntaba. Y yo también lo hacía a propósito; hacía como que no había escuchado y después volvía al punto.

- Porque un día se van a vengar y nos van a cazar ellos para jugar - dijo por fin.


Me asusté. Mi abuela era de esas personas que cuando miraban de determinado modo, inclinando su rostro sobre cierto perfil, abriendo los ojos con vigor, pueden asustar a cualquiera.

Al ratito (me atreví a hacerlo porque vi en esos ojos una gota de confianza inspiradora) continué preguntando.


- ¿Quiénes?

- Los animales -sentenció con su rostro relajado está vez- . En ellos hay un rencor que permanece de forma milenaria. Un día se van a rebelar y vas a ver cómo nos empiezan a cazar ellos a nosotros. Así no más, tan solo por diversión.


Mi abuela se creía sus teorías. Elucubraba sobre muchas cosas pero para ella eran verdades absolutas. La seguridad con la que me transmitió la idea hizo que esa afirmación se quedara conmigo por mucho tiempo: algún día se van a revelar y ellos nos van a cazar a nosotros.

Así, hasta hace poco, sentía el rencor vivo hacia mi padre por haber sido abandonada. Confieso que he deseado cazarlo alguna vez, darle un tiro explícita y atinadamente. También, inconscientemente creo que he fantaseado con "cazar para jugar", quizá matando a alguien amado para él, con la intención de que se sintiera abandonado; o hasta incluso imaginé suicidarme para que me pierda para siempre. Los vivos guardamos rencores (mi abuela tenía razón) que pueden llegar a hacer que las cosas se den vuelta.

En todo caso, del rencor al odio, ¿cuántos escalones habría?


Pero hace muy poco tiempo, volví a ver "Bambi". Y lloré un montón. Bambi crece, es grande y poderoso. Se enamora y por amor pelea. Así puedo verme hoy. El tiempo y los logros ayudaron y el rencor ya no lo tengo. Pero, se convirtió en dolor, y a veces aparece intenso, brillante, me nubla, y otras ni me doy cuenta que convive conmigo.

En todo caso, del odio al dolor, ¿cuántos escalones habría?


Mi abuela era grandota, tenía mal aliento y hacía las mejores milanesas del mundo. Si alguna vez fui menos Bambi que Bambi, era cuando pintábamos y hacíamos artesanías como bandejas terminadas con detalles en vidrio líquido.



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