• Muchapalabreria

Los relojes

Por Maria de la Paz Camaño*


Un día los relojes se tomaron un descanso. Destruidos estaban. Derretidos, agotados, abombados de tanto tic tac, decidieron partir. Que lo decidieron es una forma de decir, fue casi una obligación. Mejor dicho FUE una obligación. Debían irse, les dijeron, en un tono fuerte y autoritario, con un pequeño dejo de amor y ternura, que se colaba entre las vocales abiertas de cada palabra, muy bien disimulado. Como si el agotamiento que mostraban diera un poco de pena y fuese el motivo principal de aquel recreo obligado.

Fue así que dieron las cero horas del día nuevo y sin culpas, partieron. Todos juntos. Algunos mas adelante, otros más retrasados, cada uno a su tiempo.

Así nos dejaron a nosotros, perdidos en un mapa sin horas, minutos, ni siquiera segundos. El problema más grande es que no se fueron solos. No. Se llevaron con ellos todas las rutinas, las responsabilidades, los horarios de llegada, de salida, de entregas y retiradas.

No hagan nada. Nos decían a viva voz, ante la desesperación general de quedarnos en casa, vacíos, libres. Libres del tiempo y sus obligaciones. Como si los relojes con sus dictámenes, nos dieran la tranquilidad de saber a dónde vamos y qué tenemos que hacer. Es que la libertad en estos tiempos se mira al revés.

Y ahí, en medio de esa breve ausencia de tiempo, se nos coló la hiperconexión. Una especie de superhéroe moderno, que vino a salvarnos del vacío temporal, de la falta de horarios, vino a rellenar intempestivamente nuestras existencias, que pedían a gritos un poco de paz.

¿Qué hacemos? nos preguntamos cada mañana, o cada tarde, o cada noche (es que sin los relojes se hace difícil precisar qué momento del día es). Y a cada pregunta, Hiperconexión tiene, por lo menos, unas cuantas respuestas. Y el vacío se empieza a llenar y rellenar de ofertas. Parece que así, al menos, ese miedo que da cuando saltas al vacío, se esfuma un poquito, y nos sentimos aliviados, esperanzados de que los relojes escuchen pronto aquella voz. La voz que les diga que tienen que volver, que los estamos esperando. Que los necesitamos. Que los queremos de vuelta en nuestra vida.

Aunque tal vez sea mejor que no vuelvan por ahora. Tal vez sería mejor que le pongamos los puntos a Hiperconexión y le pidamos un poco de espacio. Que esta relación no nos está haciendo bien. Por algo los relojes se tuvieron que ir. Tal vez las personas tengamos que frenar un rato, ver el vacío, el aire que se limpia, se hace puro. El cielo más celeste, las estrellas más cerca, los sonidos más suaves y naturales. Entender que el espacio es importante. Mirar hacia dentro y descubrir las luces y las sombras que guardamos.

¿Hace falta tanta información para disfrutar este mundo? Dejemos que los relojes descansen, se tiren al mar y hagan la plancha un rato. Digamosle a Hiperconexión que deje las pantallas por un ratito también, que lea un libro o simplemente duerma una breve siesta. Miremos hacia dentro. Limpiemos lo que tenemos, cuidemos todo lo que queremos. Desconectemos para conectarnos renovados, con otras prioridades. Con el de al lado más cerca, con una sonrisa grande y un abrazo apretado. Seguro hay muchos que andan buscando por todos los rincones volver a encontrarse, reencontrarse, no sólo con los otros, también con uno mismo.

Ya van a volver los relojes, con su amiga Hiperconexión de la mano, por ahora… descansemos un rato.


La persistencia de la memoria (1931). Salvador Dali.

*Paz Camaño, es actríz, escribe teatro y algunas cosas más. Se formó en la UNA (Lic. en actuación). Su mail: mariadelapaz_camano@yahoo.com.ar y parte de su trabajo lo podes descubrir en Nunca Jamás Producciones.

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