• Muchapalabreria

Una pastaflora y tres versiones

Actualizado: 13 de nov de 2019

Por Ayelen Rodriguez


Después de casi cuarenta años, cuatro ex compañeras de secundaria se juntaron a almorzar y, si bien no se perdieron de vista, nunca habían hablado del tema.

El hecho: la mamá de Marta había cocinado una pastafrola para vender en el acto de la Revolución de Mayo con la intención de juntar fondos para el viaje de egresados. Era el último año del bachiller y los chicos estaban enloquecidos con el viaje a Bariloche. Cuando el acto terminó y todos los cursos de sexto año empezaron con la venta de productos para ir juntando ganancias, la pastafrola de Marta no apareció. Se supo rápidamente que Graciela había tenido que ver con el tema, porque era quien estaba a cargo de las tortas y además porque Susana la habría buchoneado. De todos modos, nunca se había podido confirmar qué había pasado en realidad con la pastafrola.

En aquel momento, la muchedumbre desesperada por el azúcar y la harina se abalanzó sobre las porciones de coco, ricota, pastelitos, alfajorcitos de maicena y bizcochuelo de vainilla. La venta fue exitosa para todos los sextos y lograron juntar una suma importante que fue a parar a un pozo de dinero del cual se sacó plata para gastos generales del viaje.

Hoy, en mayo de 2019, almorzaban las cuatro el menú del día de un restaurante de comidas típicas. Se trataba del famoso locro argentino, comida característica. Entonces, empezaron a hablar de las comidas típicas y de las fechas patrias para luego hablar de los actos escolares y finalmente tocar el tema sobre lo que había pasado el 25 de mayo de 1982.

Alejandra, que parecía recordar levemente el asunto por no haber estado involucrada directamente les propuso que contaran su versión de los hechos de una a la vez. A continuación se transcriben los testimonios de las señoras:


La version de Marta: "mi mamá que ya andaba con una osteoporosis avanzada había preparado para ese día una pastafrola por primera vez en años. Le dolía amasar y el menjunje de la masa de pastafrola requiere mano firme para integrar la manteca pomada con la harina y el azúcar y que quede consistente. Una vez enfriada, la masa puede modelarse y ser la base para el dulce. La vieja puso su amor entero para que pudiera llevar algo para vender, porque yo quería que ella se mandara su mejor versión de lo que mejor sabía hacer, y porque sabía que difícilmente volvería a hacer una pastafrola alguna vez. Dicho y hecho, fue la última que hizo. Cuando llegué al colegio feliz y contenta la deje junto con las otras cosas dulces que estaba juntando Graciela y me fui adelante del salón de actos a acomodar las rifas, los vasos de tergopol para los cafés y a charlar con Marcelo que estaba a full con lo de Malvinas.

Me entristecí cuando la pastafrola nunca llegó. Volví a buscarla al salón en un corrida porque había tanta gente comprando que no podía dejarlo solo a Marce por mucho tiempo. En el salón no había nadie y ninguna torta. Volviendo para la mesa de ventas me crucé con Susana y le pregunté por Graciela. Me dijo que no tenía idea dónde estaba, pero yo sentía que me mentía. Le pregunté por la pastafrola, me dijo que Graciela la tenía, que creía que se la había comido. Era todo raro, porque por más hambre que uno tenga no se come una pastaflora entera en una hora.

Volví a la mesa con las manos vacías. Marcelo me pidió ayuda y vendimos sin parar. Cuando el día terminó hablé con Graciela. Me dijo que la dejó en el salón y que era raro que no haya aparecido. Se hizo la distraída y nunca asumió su parte. Siempre supe que me ocultó información y que me mintió. Nunca dije lo importante que era esa pastafrola para mí".


La versión de Susana: "venía tarareando Sui Generis cuando entré al salón y ví los dientes clavándose en una porción de la pastaflora de la mamá de Marta. Graciela la saboreaba mientras charlaba a con Claudio; sí, hablando con la boca llena. Era obvio que había ganas entre ellos desde la vez que se habían besado en el baile del río. Y pensar que Graciela era tan linda y él tan ...Cuando entré y me vieron, me ignoraron como para que me vaya rápido pero yo me quedé. Al principio, me pareció terrible que se estuvieran comiendo la pastaflora y le dije a los dos que pararan. Gra me dijo que probara lo buena que estaba, que había mucha comida, una pastaflora más, una menos, en el montón de cosas dulces no se notaría. Entonces la probé; una buena porción de masa y no el empalagoso membrillo que opaca la manteca, bien como a mí me gusta. De todos modos, al rato me fui, que era lo que ellos querían desde el primer momento. Supuse luego que Graciela se había guardado las partes sobrantes en la mochila o en algún lugar. Y reconozco que como Eva, ella probó la fruta prohibida, pero, como el resto de los mortales, Claudio y yo caímos en la tentación. Estaba muy rica".


La versión de Graciela: "estaba acomodando lo dulce, pensando los precios y organizando las cosas cuando entró Claudio a buscar una tarea de Lengua. Me encantaba el flaco, a pesar de que las chicas lo criticaban por sus piernas chuecas y sus orejas grandes, y no sabía ya más qué hacer para que me diera bola. Entonces entró rápido con la intención de irse rápido y yo que ya venía tentada por comer algo porque la tentación es profunda cuando a media mañana te rodean tales tortas, tartas y pasteles, le dije que se quedara a probar conmigo una porción de pastafrola, que era lo que tenía cerca. En todo caso, pensé rápido y simple, perdería mi reputación de mejor compañera por amor. A él le dije que era una de las mejores cosas que había ahí para comer y le anticipé que sería la mejor pastafrola de su vida. Y no le mentí. Realmente estaba riquísima. Compartimos una porción cada uno mientras charlabamos de música, ropa, Bariloche y Muñiz, la profe de naturales. Como en el reservado del boliche nos sentíamos cómplices de un encuentro amoroso que de casual no tenía nada pero nos gustaba creer que sí. Al rato cayó Susana y no queríamos que esté ahí pero fue inevitable conversar con ella y convidarle nuestra pastafrola, compartirle nuestra intimidad. Se fue al rato, habiendola probado gustosa a pesar de habernos tratado como delincuentes cuando entró y nos vió comiendo. Con la panza llena y el corazón contento se fue con su mejor cara de "acá no pasó nada". Como la situación ya estaba bastante distorsionada, Claudio se fue al patio, donde Matías lo estaba esperando para copiarse las respuestas del trabajo práctico de Lengua, pero antes me dio un pico disimulado como si se tratara de algo espontáneo cuando, otra vez, de casual no tenía nada.

Una vez sola en el salón, ya acomodando todo, poco más de media pastafrola de membrillo quedaba como evidencia del hecho. Entonces, agarré una caja de cartón donde Sánchez había traído unas masitas y la metí ahí para no llevarla adelante y que se notara que me había, o mejor dicho, nos habíamos, comido una parte. Llevé todo a su lugar y me fui a cambiar al baño donde apoye en la mesada la caja con la pastafrola adentro mientras entraba al cubículo. Y cuando salí no estaba más. La persona que estaba en el cubículo de al lado se había lavado las manos y se había robado la caja. Estaba sorprendida. Después me di cuenta que no saber su destino final, era una buena forma de no hacerme cargo de nada".


Las amigas se escuchaban entre sí. El paso del tiempo había logrado borrar recuerdos que en sus relatos cobraban nitidez nuevamente. La conversación siguió girando en relación a los personajes y entre las cuatro recordaron a la madre de Marta que había fallecido hacía como veinte años, y a Claudio que se había ido al exterior después del 2001.

Tras el almuerzo, el postre vigilante y el café se disponían a la despedida. Entonces Alejandra contó: "me encerré en el baño porque mi sobrepeso me hacía pensar en seguir comiendo todo el tiempo. Cuando escuché que era Graciela la que estaba al lado, pretendí salir y que me encontrara lavándome las manos, como si yo hubiese entrado unos minutos antes. Salí y encontré la caja de cartón, la abrí, y después la abracé y salí corriendo. La pastafrola tentadora parecía hablarme y decirme cosas tales como: 'comeme, comeme ya'. Creí que si la tarta había venido hasta mí y yo no había salido del baño por temor a buscarla, tal vez era porque debía comerla. En la parte de las canchas me senté y me la devoré dichosa, toda, íntegra, hasta las migas rasqué de la caja donde estaba la pastafrola más rica que comí en mi vida".


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