• Muchapalabreria

Todos nuestros operadores se encuentran ocupados

Actualizado: 27 de may de 2020

Por Horacio Fernández*



Vaso medio lleno: la saqué barata. Vaso medio vacío: me duele todo, el yeso es incómodo y la comida del hospital una mierda.

Gracias por la visita. Ya lo conté mil veces, pero te lo cuento otra vez.

Mientras plancho suena una versión apócrifa de El guardaespaldas, sólo instrumental, un saxo flatulento que crispa los nervios. Flor de arruga le hice a la blusa. La culpa es de los flatos del saxo.

El principio de simultaneidad nos engaña: creemos que la espera eterna hasta que aparece una voz humana en el teléfono es menos tediosa. Una voz humana. Quiero decir: alguien que habla y contesta en tiempo real, cero redundancia. El guardaespaldas se escucha entrecortado, debe ser el fantasma de Withney, horrorizada por el cover impresentable, o la batería del teléfono.

A propósito de hacer dos cosas al mismo tiempo. Un día, de chiquita, estaba mirando a Tom y Jerry. El viejo se acercó y me dijo si quería escuchar una historia. Un jugador de fútbol estaba en su casa, rehabilitándose de una operación. Tenía un pie en un recipiente con agua y sal. Al mismo tiempo cambió de canal, porque su hijita quería ver ―justamente― a Tom y Jerry. Los controles remotos y las terapias desinflamatorias más avanzadas que la palangana llegaron un tiempo después. El final es triste, te lo cuento otro día. Te acordás como era papá, un amante del morbo.

La clave está en la atención que demanda cada tarea. Si Juani se entretiene, podés planchar y al mismo tiempo esperar que se desocupe el no-robot del 0800. La segunda arruga, y la tercera, sugieren que es mejor dejar la plancha para más tarde.

El sistema aturde con una Primavera que marchita tímpanos en flor. Atmósfera al límite de saturación a causa del Vivaldi vomitado por el peor fonógrafo de los años veinte. Juani empezó a dar los primeros pasos; por suerte, antes del corralito de encerrar dólares, alguien había inventado el corralito de encerrar pibes. Juani logra la condición vertical que nos distingue de las bestias a fuerza de teta, nutribeibi, papilla, y, ahora, lo que venga, lo que podés hacer en el tiempo libre de una madre soltera con la obligación de que no falte el pan nuestro de cada día.

Primavera termina, o por algún misterio cibernético salta a una versión instrumental de Café La Humedad, excepción mediocre que confirma la regla del machirulo de bufanda blanca y Si te agarro con otra te mato. Sigue una de Sinatra interpretada por un órgano de iglesia. Muchachos, cambien la playlist, o que los operadores dejen de estar ocupados y se dignen a darme pelota.

Desde su posición erguida, Juani puede ver un poco más allá. Lo que hay arriba de la mesa, los adornos de los aparadores, todo lo tienta. De Cacho Enfisema y Frankie pasan a Imagina. Parece que la tocara un grupete de pibes improvisados, una banda de los primeros años de secundaria. Lennon resucita, vuelve a la puerta del edificio Dakota y le pide a Mark Chapman que dispare otra vez.

Juani se pudre de tanto corralito; entonces, afuera. Eso sí: tenés que estar atenta. Basta con aprisionar el tubo entre el hombro y la sien y seguir desde atrás el ritmo inseguro y adorable de las primeras intentonas, las que nos diferencian de los primates. Como nos definió Pascal: bípedos e implumes. Nuestra condición de implumes la arrastramos desde el vientre materno. La característica de bípedo es adquirida y finita, y durará los años que medien entre el gateo cuadrúpedo y el bastón humillante (así pensaban los tebanos). Los berrinches lo vuelven tan adorable como caprichoso, justo cuando Imagine se corta abruptamente porque Buenas tardes, mi nombre es Micaela Nosecuanto, número de cliente, por favor y entre tanto principio de simultaneidad no pensé en tener la factura a mano, ni en anotar el número de cliente en un papelito, ni siquiera fui perspicaz como para que Juani tuviera a mano al oso Teo, que es una especie de Tinelli que garantiza minutos de entretenimiento seguro. Era previsible que en algún momento alguien iba a atender y Juani llora y la chica call center hostiga con su silencio armado de reproches insinuando que le hago perder el tiempo que podría emplear en atender a usuarios amables que sí tienen su número de cliente a mano entonces te quedás como una idiota paralizada mientras Micaela Nosecuanto pregunta si la escuché y claro que te escuché sólo necesito un minuto y Juani grita como un marrano merezco ese minuto después del oprobio del tiempo muerto que no fue tan muerto porque planché marcando arruga tras arruga en la espalda de la blusa y cuidé a Juani y ¿me dice su número de cliente por favor? otra vez pero con tono de pocos amigos pedido estúpido si los hay que no es más que otro destrato de la empresa que me esquilma con tarifas usurarias pero si a los chicos de los call centers deberían sentarlos delante de una computadora que les permita acceder a una base de datos completa cosa que le des nombre dirección documento en fin números que recordamos de memoria sin tener que andar buscando papeles ocultos en quién sabe cuál cajón destartalado subo escalones de a uno de a dos de a tres y miro a Juani bípedo implume de pasos cortos y carrera con obstáculos rumbo al cajón en donde guardo las facturas ni andar pensando en dónde quedaron los anteojos porque el estrabismo y el número de cliente en tamaño de letra apta para lentes culo de botella y el teléfono entre el omóplato y la sien y el oso Teo que mágicamente aparece panzarriba y lo llevo de la mano para tranquilizar a Juani atacado por esa curiosidad agotadora de que todo lo quiere y señora ¿me va a decir su número de cliente? y esperame otro minuto y vuelva a llamar más tarde gracias por comunicarse con blablablá pero no me cortes la puta madre si acá está cero uno nueve tres siete y los escalones de a uno de a dos de a tres de a ocho pero en bajada, rodando y a los gritos.

* Deambula entre Quilmes y Berazategui. Editó dos libros de cuentos: “Cuentos a escala” (2014) y “Equilibrio inestable” (2017, ed. Modesto Rimba). Cursó talleres con Alberto Laiseca y Cristina Feijoó, entre otros. Desde 2017 coordina el taller de escritura de La Calabaza-Productora Cultural. Primer premio del Concurso Federal de Relatos (Ministerio de Cultura de la Nación, Argentina, 2015), entre otras distinciones en Argentina, Colombia y España.

Su Facebook de escritura: Cuentos a escala.

Su blog: horaciorfernandez.blogspot.com/

Su mail: elhoracio@hotmail.com

Para leer otro de los cuentos que este autor compartió en este blog, tenes que ir ACÁ.



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